AR: Revista de Derecho Informático ISSN 1681-5726
Edita: Alfa-Redi
No. 057 - Abril del 2003
¿Un mundo feliz para la libertad de expresión?
Abstract: En las líneas que siguen, me interesa examinar –aunque brevemente- algunos temas relacionados con la libertad de expresión en la Red. Sobre esto sugeriré básicamente dos cosas. La primera es que la arquitectura de Internet contribuye a disolver la intensidad del vínculo entre riqueza y acceso a la información y esto constituye una buena noticia para los ideales de una versión democrática de la libertad de expresión.
Publicado originalmente en
Apuntes de Derecho Nº 10 “El ciberespacio y el derecho” Facultad de Derecho
Universidad Diego Portales
En las líneas que siguen, me interesa
examinar –aunque brevemente- algunos temas relacionados con la libertad de
expresión en la Red. Sobre esto sugeriré básicamente dos cosas. La primera es
que la arquitectura de Internet contribuye a disolver la intensidad del vínculo
entre riqueza y acceso a la información y esto constituye una buena noticia para
los ideales de una versión democrática de la libertad de expresión.
La segunda es que la misma arquitectura de la Red parece agudizar dos problemas
del mercado de las ideas: el efecto silenciador de algunos discursos y la
posibilidad de evitar la exposición a ideas divergentes. Estas parecen ser malas
noticias para los ideales de esta versión democrática que ya he
mencionado.
Antes de revisar ambos problemas conviene, sin
embargo, detenerse por algunos momentos en la versión democrática de la libertad
de expresión y en el mercado de las ideas.
1. La versión democrática de la libertad
de expresión.
Como sugirió alguna vez John Stuart Mill, la
protección de la libertad de expresión no se justifica únicamente en el interés
autoexpresivo de los sujetos protegidos, sino además en la utilidad de la raza
humana. Según este autor “la peculiaridad del mal que consiste en impedir
la expresión de una opinión es que se comete un robo a la raza humana.”[1]
De esta manera –y aún con Mill- nos interesa
proteger la libertad de expresión no solamente como un derecho que reconocemos a
los sujetos como personas morales, sino además como la única herramienta
que, en un mundo desencantado, nos permitiría aproximarnos a la verdad.
Así concebida, la libertad de expresión no solo poseería una dimensión
individual –la protección de intereses autoexpresivos- sino además una social
–sería el único procedimiento que permite a grupos humanos plurales y complejos
aproximarse a la verdad. Durante el siglo XX, la idea que la
libertad de expresión genera beneficios que no son completamente
absorbidos por el sujeto cuya expresión es protegida se ha transformado en un
lugar común.
Una variante de la dimensión social de la libertad
de expresión es la desarrollada en el siglo XX por Alexander Meiklejohn, quien
consideró que el propósito de la protección de la libertad de expresión es
la promoción del autogobierno o la autodeterminación colectiva.Para este autor
el propósito de la primera enmienda de la constitución estadounidense[2] es ampliar los
términos del diálogo público y mejorar su calidad a fin de permitir elecciones
públicas realizadas informada y deliberativamente.[3] Esta versión de la
dimensión social de la libertad de expresión es la que más tarde Owen Fiss
denominará democrática y que, según este autor, presupone de un diálogo
“desinhibido, vigoroso y abierto.”[4]
2. El mercado de las ideas y la versión
democrática de la libertad de expresión.
¿Cómo conseguir un diálogo que satisfaga estas
pretensiones? Desde Mill en adelante –y pasando por Oliver Wendell
Holmes[5] hasta Richard
Posner[6]- la visión dominante de
la libertad de expresión considera básicamente dos cosas: la primera es que la
verdad es algo que solo logramos conocer a través de la confrontación de ideas.
La segunda es que esa confrontación debe realizarse al margen de la intervención
del estado. Cuando el estado no interviene estamos frente al libre tráfico de
ideas y este nos conducirá hacia la única versión disponible de la
verdad.
Como lo consideran Mill, Holmes y Posner, sin
embargo, el libre tráfico de ideas presenta ciertos riesgos para la versión
democrática de la libertad de expresión. Para advertirlos resulta
necesario examinar los requisitos que la libre confrontación
de ideas debe cumplir para satisfacer los requisitos de la versión democrática
de la libertad de expresión, a saber (1) dicha confrontación debe reflejar
amplia y profundamente su atención en los asuntos públicos y (2) debe exponer
públicamente una diversidad de puntos de vista apropiada.[7] Cabe preguntarse
entonces: “¿qué sucede si el mercado de las ideas posibilita únicamente un grado
ínfimo de deliberación política y discusión?; ¿qué sucede si el mercado de las
ideas presta escasa atención a los asuntos públicos y a la diversidad de puntos
de vista?; ¿qué sucede si los gastos en expresión reflejas extensas disparidades
en la riqueza?; ¿Qué sucede si este mercado contribuye a veces a producir
“personas inertes.”?[8]
En estos y en otros casos el mercado promoverá la
soberanía del consumidor, no la soberanía política del ciudadano.En razón de lo
anterior, frente a estos escenarios, existirían buenas razones para
justificar la acción del Estado, favoreciendo la discusión de
ciertos temas o incluso su intervención coactiva en la libertad de
expresión de algunos para permitir la de otros.[9] De esta manera, es
posible que en este campo el Estado haya dejado de ser el enemigo contra el cual
los liberales del siglo XIX buscaron blindar los derechos de las personas y se
haya transformado en un amigo sin el cual el ejercicio de esos derechos –en este
caso la libertad de expresión- se torne ilusorio.
3. El estado
subsidiario.
Eugene Volokh ha sugerido que las críticas de
autores como Fiss y Sunstein[10] a la tradición según la
cual la protección de la libertad de expresión constituye únicamente una coraza
que inmuniza al orador de la posibilidad de ser silenciado por el Estado
favoreciendo su autonomía y deja la configuración de las características del
debate entregadas al ejercicio de la autonomía de los sujetos, se sustentan en
la constatación que el libre mercado de las ideas es imperfecto. La imperfección
consistiría en el acceso desigual a la expresión de quienes poseen recursos y
quienes no.[11] Como ha señalado
Fiss: “la estructura social contemporánea es tan enemiga de la libertad de
expresión como lo es el policía.”[12]
La imperfección más evidente de este mercado
radica en la concentración de la propiedad de los medios de
comunicación.[13] Como debería
resultar más o menos evidente, la concentración de la propiedad de los medios de
comunicación lesiona el acceso a los medios y tiende a disminuir la variedad de
asuntos cubiertos por estos.
No obstante lo anterior, aún en condiciones de
mercado perfectamente competitivo, un segundo problema proviene de la
diversidad de puntos de vista o posiciones que el mercado sea capaz de
producir. Lo anterior por dos razones estrechamente relacionadas y ligadas
al financiamiento de los medios de comunicación en una estructura de mercado.
Primera: los medios deben recoger intensamente las preferencias de los
auditores, por lo mismo, la producción de información debe amoldarse a las
preferencias de estos. Segunda: la información producida por los medios debe
satisfacer a los avisadores y la influencia de los avisadores suele lesionar la
independencia de los medios.[14] Junto a lo anterior,
todavía cabría advertir un problema más. Como ha señalado Fiss las decisiones
editoriales y de programación pueden responder a la rentabilidad o eficiencia
que se les asigna, la creación de este beneficio, sin embargo, no posee una
relación con la oferta de información que permita a los espectadores
realizar elecciones libres e inteligentes sobre programas de gobierno.[15]
Así las cosas, desde una perspectiva
democrática de la libertad de expresión parecen existir razones para que el
Estado subsidie algunas deficiencias del mercado de las ideas.
4. Buenas noticias para la versión
democrática.
Si las descripciones de Fiss y Sunstein[16] son correctas y además
se acepta que un debate desinhibido, vigoroso y abierto resulta
indispensable para un modelo de democracia –la deliberativa- que nos parece
valiosa, entonces el Estado debe intervenir en el mundo real. ¿Qué sucede sin
embargo si la arquitectura de otro espacio reduce dramáticamente los costos de
producir y distribuir información? ¿qué sucedería si el común de las personas
pudiera hacer disponible en forma extraordinariamente económica sus ideas sin
fronteras territoriales? ¿qué sucedería si el conjunto de ideas al que
frecuentemente nos vemos expuestos se multiplicara por un millón? ¿qué
sucedería, finalmente, si además Ud. pudiera proteger razonablemente su
anonimato al momento de buscar y entregar información? Todo esto en una sola
pregunta ¿Sería necesaria la intervención del estado en el libre tráfico de las
ideas o bastaría que se mantuviese en la tradición que reúne a Mill,
Holmes y Posner que autores como Fiss y Sunstein consideran
insuficiente?[17]
En Reno v. American Civil Liberties
Union[18], el primer caso
en que la Corte Suprema estadounidense indicó que la protección de la primera
enmienda se extendía a Internet, esta consideró que Internet
nos ha aproximado al escenario que subyace tras las preguntas
anteriores. En opinión del tribunal:
(D)esde el punto de vista del lector, la red
es por una parte comparable a una vasta biblioteca que incluye millones de
publicaciones agrupadas ordenadamente y disponibles en forma inmediata y, por
otra, a una tienda desparramada (sprawling mall) que ofrece bienes y
servicios.
Desde el punto de vista de quienes publican,
constituye una vasta plataforma desde la cual se pueden escuchar e interactuar
con una audiencia global de millones de lectores, observadores, investigadores y
compradores. Cualquier persona u organización con un computador conectado
a Internet puede “publicar” información.[19]
En un sentido similar Volokh afirma que las nuevas
tecnologías democratizan el mercado de la información y lo
diversifican.[20] Finalmente, para
Lessig:
(El) [R]elativo anonimato, la distribución
descentralizada, múltiples puntos de acceso, la falta de un vínculo necesario a
la geografía, ningún sistema universal de identificación de contenido, las
herramientas de encriptación (...) todas estas características y
consecuencias del protocolo de Internet hacen dificultoso controlar la expresión
en el ciberespacio. La arquitectura del ciberespacio es la real protectora de la
expresión allí.[21]
Si la Corte Suprema estadounidense, Volokh y
Lessig están en lo correcto, estas son buenas noticias para la noción de
libertad de expresión en su versión democrática. Esto, por supuesto no significa
que las aprehensiones de Fiss y Sunstein simplemente desaparezcan[22], significa más bien que
tenemos buenas razones para pensar que, ceteris paribus, la producción y
el acceso a las ideas será más plural y democrático.
5. Malas noticias: pornografía, discursos
de odio y aislamiento.
He sugerido más arriba que la participación en el
diálogo público puede debilitarse por falta de medios. Internet contribuiría a
corregir esa distorsión al disminuir el costo de producción y acceso a las
ideas. La falta de medios no es, sin embargo, el único problema relacionado con
la participación. Siguiendo a Fiss sostendré que ciertos tipos de discursos
silencian la participación de algunos grupos. Dos de estos discursos son la
pornografía y los discursos de odio.[23] Ambos han experimentado
un explosivo crecimiento en la Red.[24] Este es el primer
problema que examino. Todavía puede suceder que aún con una posibilidad de
participación significativa, la Red no logre los niveles de exposición a una
pluralidad de enfoques sobre asuntos públicos que parecen necesarios para una
democracia deliberativa. De esta manera puede ser que Internet no sea en
definitiva un foro de discusión tan robusto como aparenta y que, por el
contrario, contribuya a aislar a las personas de ciertas ideas.[25] Este es el segundo
problema sobre el que me interesa revisar.
Pornografía y discursos de
odio.
Pornografía.- Internet facilita el acceso a la
pornografía, este parece ser un hecho suficientemente evidente. El principal
problema que este acceso genera es la protección de los menores de edad.
El principal problema, en otras palabras, es cómo restringir a menores de edad
de expresiones que se consideran lesivas para ellos.[26] No es esta, sin
embargo, la cuestión que me interesa. El problema relevante a efectos del tema
que me ocupa tiene que ver con la perspectiva de autores como Catharine
Mackinnon[27]y Owen Fiss[28] para quienes la
pornografía resulta problemática porque deteriora la imagen pública de la mujer.
Como ha advertido Fiss esto genera tensiones no solo desde concepciones
igualitaristas, sino además porque deteriora la posibilidad de las mujeres de
participar en el debate público.[29]
Aunque la tesis de Fiss es extraordinariamente
sugerente, posee problemas. El más evidente parece ser el hecho de limitar
cierto discurso para favorecer la diversidad de puntos de vista. ¿Por qué no
dejar que la expresión se cure con más expresión? Esta fue la respuesta de los
liberales frente a los intentos de regulación estatal de ciertos discursos –en
particular el comunista- durante los momentos más crudos de la guerra fría. La
respuesta de Fiss a esta duda es la siguiente:
(L)o que se teme no es que la expresión llegue
a convencer a los oyentes para que actúen de una determinada manera (...) sino
que la expresión haga imposible que estos grupos desfavorecidos participen
siquiera del debate.[30]
En el caso de la pornografía la razón de lo
anterior es que:
la pornografía reduce a las mujeres a objetos
sexuales, colocándolas en una posición de subordinación y silenciándolas. Daña
su credibilidad y las hace sentir como si no tuvieran nada que aportar a la
discusión pública.[31]
Existen además otras dificultades de carácter
conceptual y práctico en posturas como las de Fiss o Mackinnon.[32] Mi pretensión respecto
a estos dos autores, sin embargo, es modesta: me interesa nada más afirmar que
si sus posturas son descriptivamente acertadas, el aumento de la
pornografía en Internet resultará lesivo para los ideales de una versión
democrática de la libertad de expresión.
Discursos de odio.- Como en el caso de la
pornografía, el problema con los discursos de odio, es relevante para los
ideales de un diálogo robusto en la medida que margina a ciertos sujetos del
foro al debilitar su imagen pública. Como ha sostenido Mackinnon respecto de la
pornografía, en un análisis que luego hace extensible al racismo de los nazis y
el Ku Klux Klan, el problema de estos últimos discursos es que, de ser exitosos,
logran construir una realidad social que hace invisible el daño que provocan. En
términos de libertad de expresión esto equivale a decir que la libertad de
expresión de ciertos grupos silencia la de otros.[33]
Los discursos de odio no constituyen una realidad
configurada al alero de Internet, su origen se pierde en el tiempo. Como en
otros casos no es un problema nuevo, es un problema agudizado por las nuevas
tecnologías de la información. Esto, sin embargo, no es algo menor, como
sostiene Biegel:
(L)a amplia diseminación de las expresiones de
odio en el ciberespacio no tiene precedentes en su alcance y podría estar
teniendo un efecto destructivo en nuestra cultura de formas subterráneas que aún
no son completamente advertidas. De hecho, algunos comentaristas han sugerido
que la creciente falta de civismo puede ser explicada, al menos en parte, por el
impacto de los discursos en línea “menos que civiles” (less than civil) en la
sociedad en su conjunto.[34]
Ni la pornografía ni los discursos de odio son
problemas nuevos. En general Internet no añade problemas a nuestra existencia,
sino que agudiza algunos de aquellos con los que ya convivíamos. Con todo, en el
caso de la pornografía y los discursos de odio un problema agudizado podría ser
bastante peor que un nuevo problema.
El aislamiento.
Resulta paradojal pensar que una tecnología que
diluye las fronteras territoriales y disminuye significativamente los costos de
comunicarse aísle a los sujetos. Quizás esta paradoja se diluya al explicitar el
tipo de aislamiento que Internet puede producir. La idea que interesa explorar
aquí no es que Internet aísle al sujeto en términos absolutos, sino que
contribuye a inmunizarlo frente a cierta información o experiencias que
probablemente no elegiría. Esto resulta problemático porque, como ha
señalado Sunstein, la exposición a información no elegida y las
experiencias compartidas constituyen precondiciones de un sistema de libertad de
expresión en su versión democrática.[35]
Causas.- Nicholas Negroponte ha
sugerido que “en la era de la postinformación, a menudo tenemos un público
unipersonal. Todo se hace a pedido y la información está personalizada al
máximo.”[36] Así, cada persona se
transformaría en una “unidad demográfica.”[37] De esta manera no
resulta especialmente complejo ni costoso personalizar mi sitio digital de
noticias en la Red y decidir que únicamente quiero recibir noticias sobre
figuras del espectáculo, sobre nutrición y dietas, sobre derecho en el
ciberespacio, sobre automóviles o sobre rebajas en vestuario. Estas son
buenas noticias para el consumidor. Finalmente es posible prescindir de las
enojosas páginas de diarios o revistas o bien de las tediosas noticias que
suelen insistir sobre el Plan Auge, algún otro programa del Gobierno o una
crítica de la oposición. Si Negroponte está en lo cierto, la Red no solo permite
a los productores discriminar a los consumidores a bajo precio, permite además a
los consumidores de información discriminar a muy bajo costo la información a la
que desean acceder.
Efectos.- ¿Esto es bueno o malo? La
respuesta a esta pregunta solo puede darse en forma relacional. Parecen muy
buenas noticias para los consumidores –sus costos de identificación disminuyen
notablemente. Para una concepción democrática de la libertad de expresión en
cambio, la respuesta debería ser más cautelosa. El problema de esta
demograficación del ser humano como la considera Negroponte, es que estas
unidades demográficas suelen desarrollarse al interior de otras unidades
demográficas más amplias: los países, comunidades, y el óptimo de un sujeto
puede no coincidir con el óptimo de la comunidad que lo alberga. Dicho de otra
manera, para una persona puede ser beneficioso no escuchar jamás hablar del
programa de un candidato populista y utilizar el tiempo que necesitaría para
hacerlo imponiéndose de los infortunios de alguna ex miss Universo. Para
la comunidad en que ese sujeto habita en cambio, su voto informado en las
elecciones presidenciales es extraordinariamente valioso.
Una vez más, Internet no inaugura la alienación de
las personas de las discusiones públicas, pero la facilita –y en la medida que
reemplaza a otros medios de comunicación, la aumenta-, contribuyendo de eta
manera a la polarización de ciertos grupos y a una producción de bienes públicos
subóptima.
Respecto a la fragmentación; como se ha advertido,
la Red permite filtrar la información a bajo costo.[38] De esta manera, si mis
preferencias se encuentran más cercanas a la derecha en el espectro político es
posible personalizar mis noticias de manera que no se inmiscuyan columnas
de opinión o comentarios cercanos a la izquierda. Si esta imagen es más o menos
exacta y asumiendo que progresivamente desplazamos mayores espacios de nuestras
vidas a Internet es posible que en algún momento podamos prescindir de los
periódicos, la radio, la televisión y otros foros que, inevitablemente nos
confronten a puntos de vista que nos resulten enojosos. El problema de esto
radica en que la deliberación resulta especialmente compleja cuando mi
exposición a puntos de vista divergentes es escasa.
El tema de la falta de exposición a posturas
divergentes se torna particularmente significativo respecto de posiciones
más extremas. Según algunos estudios, la cerrazón de grupos favorece
su polarización, esto es luego de la deliberación al interior de una comunidad
epistémica las posiciones de sus miembros se tornan más extremas. Como ya se ha
advertido más arriba, existe alguna evidencia que Internet es utilizada para
constituir y desarrollar este tipo de comunidades. Nuevamente, el problema
no es inédito, su novedad radica en la intensidad de su desarrollo.
Finalmente, la fragmentación de la
información puede contribuir a reducir el cúmulo de experiencias compartidas
entre los habitantes de una comunidad. Como ha advertido Sunstein, las
experiencias sociales compartidas pueden ser muy relevantes para la interacción
social, en particular si se trata de una sociedad heterogénea. En palabras de
este autor, constituirían parte del “pegamento social.”[39]
***
El objetivo de estas líneas no ha sido explorar
las posibles soluciones a los problemas que generan para una versión democrática
de la libertad de expresión el aumento de la exposición a la pornografía y los
discursos de odio o la fragmentación de los discursos.[40] Constatar este
tipo de problemas juega una función terapéutica respecto al optimismo que suele
acompañar a los desarrollos tecnológicos. Sin duda Internet es un invento
magnífico y es muy probable que durante las próximas décadas reconfigure
beneficiosamente nuestro modo de habitar el mundo. No obstante lo anterior, la
“ambición prometeica de arrancar a los individuos del despotismo de las cosas”
que Raymond Aron detectó en las revoluciones políticas parece extenderse a las
revoluciones tecnológicas y hacernos olvidar que, además de beneficios, cada
tecnología engendra sus monstruos o, al menos, contribuye a hipertrofiar a
algunos ya existentes.
[1] Mill, John Stuart: Sobre la
libertad. Alianza Editorial. Madrid 1999. P. 77
[2] Enmienda 1.“El Congreso no
legislará respecto al establecimiento de una religión o la prohibición del libre
ejercicio de la misma; ni pondrá cortapisas a la libertad de expresión o de
prensa; ni coartará el derecho de la gente a reunirse en forma pacífica ni de
pedir al Gobierno la reparación de agravios.”
[3]Ver Meiklejohn, Alexander:
Free Speech and Its Relations to Self-Government. Harper. New York:
1948
[4] Fiss, Owen La ironía de la
libertad de expresión. Gedisa Editorial. Barcelona, 1999. P. 13-14.
[5] El pasaje que ilustra con
mayor elocuencia la posición de Holmes se encuentra en su disenso en Abrams v.
United States (250 U.S. 616 [1919]). Allí el juez Holmes señaló que “el mejor
test de la verdad es el poder de las ideas de hacerse aceptar a través de
la competencia en el mercado.”
[6] Ver Posner, Richard:
Análisis Económico del derecho. Fondo de Cultura Económica. México D.F.: 1998.
Pp. 620-634.
[7]Sunstein, Cass Democracy and
Freedom of Speech. The Free Press. Nueva York: 1995 p. 19-26
[9] Tres ejemplos de esto último
serían la pornografía, las expresiones de odio y las campañas electorales. Ver
La ironía de la libertad de expresión. Cit.
[10] Para Fiss ver supra nota
5, para Sunstein ver supra nota 8
[11]Ver Volokh, Eugene: Cheap
Speech and What it will Do. Disponible en www.adager.com/VeSoft/CheapSpeech.html
- 101k. Visitado 15/05/2002
[12] Libertad de expresión y
estructura social. Cit. p. 31
[13] Chile no constituye una
excepción a esto, ver Sunkel, Guillermo y Geoffroy, Esteban: Concentración
económica de los medios de comunicación. Lom Ediciones. Santiago:
2001.
[14] Sobre esto, en el caso
chileno puede consultarse Otano, Rafael y Sunkel, Guillermo: Libertad de los
periodistas en los medios en González, Felipe y Viveros, Felipe (eds.) Igualdad,
Libertad de expresión e Interés Público. Cuaderno de Análisis Jurídico, Serie
publicaciones especiales, 10. Escuela de Derecho Universidad Diego Portales.
Santiago: 2000.
[15] Libertad de expresión y
estructura social. Cit. p. 54. En el caso chileno un ejemplo de lo anterior
sería la retransmisión de teleseries. Parece everente que en estos casos el
cálculo económico de beneficios favorece la decisión del canal, sin embargo, no
parece que las teleseries sean especialmente valiosas para el autogobierno de
los sujetos.
[17] Como es everente, la
objeción más obvia a todo esto es que no todos tienen acceso a Internet y, por
lo mismo, el Estado, no debiera descuidar otras plataformas como la televisión,
los diarios y la radio, que permiten un acceso más plural. Esta es una objeción
válida. Con todo, prescindiré de ella. La razón de esto es que me interesa
sostener que aún en condiciones de acceso plural a la Red podrían seguir
existiendo razones para que el Estado asumiera un rol activo en la producción de
información.
[21]Code and other Laws of
Cyberspace. Cit. p.166-67
[22] Me interesa por
ahora mencionar un problema que justifican esta afirmación – los demás
serán tratados en la sección siguiente: en los países pobres el acceso a
Internet aún es extraordinariamente desigual. Por lo mismo, en ellos no existe
un vínculo necesario entre la existencia de información más diversa en la Red y
el acceso a ella.
[23] Ver La ironía de la
libertad de expresión. Gedisa, Cit.
[24] Esto puede ser revisado en
Biegel, Stuart: Beyond Our Control. The MIT Press. Cambidge (MA): 2001. Pp. 321
–352.
[25] Esta idea ha sido
desarrollada por Sunstein. Ver Republic.com. cit.
[26] Como se sabe, las
dificultades en limitar el acceso a menores de edad a la pornografía tienen que
ver básicamente con la arquitectura de la Red que impide la auto autenticación
de las personas. Ver Lessig, Lawrence: La Ley del Caballo: lo que el
ciberespacio podría enseñar. (trad. de Iñigo de la Maza y Ximena Escobar). En de
la Maza, Iñigo (Coordinador) Derecho y tecnologías de la información.
Universidad Diego Portales, Facultad de Derecho Fundación Fernando Fueyo Laneri.
Santiago: 2002.
[27] Ver, por ejemplo,
Mackinnon, Catharine: Hacia una teoría feminista del estado (Trad. Eugenia
Martín). Ediciones Cátedra. Univesitat de València. Instituto de la
mujer.
[28] Ver La ironía de la
libertad de expresión. Cit
[29] Una forma –la más
elocuente que se me ocurre- de graficar lo anterior que la frase de Mackinnon
según la cual: “nadie escucha a una mujer con un pene en la boca” (Mackinnon,
Catharine: Feminism Unmodified. Discourses on Life and Law.Cambridge, MA.:
Harvard University Press, 1987. P. 193
[30] La ironía de la libertad
de expresión. Cit p. 28
[32]Una poderosa crítica a
Mackinnon en Posner, Richard: Overcoming Law. Harvard University Press.
Cambridge. Mass. 1995. P. 357-68.
[33]Hacia una teoría feminista
del estado. cit. Pp. 370 y sgtes.
[34]Beyond Our Control? Cit. p.
324. Una posible explicación a este fenómeno puede encontrarse en la
“polarización de grupos” que ha facilitado la Red. Ver Republic.com. Cit. p. 71
y sgtes.
[38]Sobre los filtros puede
consultarse Lessig, Lawrence: What Things Regulate Speech: CDA 2.0 vs.
Filtering. Disponible en cyber.law.harvard.edu/works/lessig/what_things.pdf .
Visitado 27/03/2002.
[40]Sobre pornografía puede
verse Lessig, Lawrence y Resnick, Paul: Zoning Speech on the Internet: A Legal
and Technical Model. Disponible en www.si.umich.edu/~presnick/papers/
lessig98/LessigResnick.pdf visitado 01/04/2002. Sobre discursos de odio
Beyond our Control? Cit. Finalmente, en el caso de la fragmentación de los
discursos puede consultarse Republic.com. Cit.